Basílica románica de San Prudencio de Armentia, Patrón de Álava.
Historia de Armentia, su obispado y su basílica.
Emplazada estratégicamente en la Llanada Alavesa, a 3 km del centro de Vitoria-Gasteiz, Armentia asistía al paso de la importante calzada romana, el Iter XXXIV de Antonino, que unía Astorga y Burdeos. Restos arqueológicos lo atestiguan.

Antiguos documentos y una arraigada tradición ubican allí, en epoca anterior a la invasión musulmana, el nacimiento de Prudencio, anacoreta en Soria, obispo de Tarazona, pacificador de El Burgo de Osma, venerado como Santo en la comarca

Entre los siglos IX y XI consta la existencia de un Obispado en Álava y una lista de once obispos, citando también como sede a Armentia, pero en 1088, pese a las protestas, quedó absorbido por la diócesis de Calahorra.
Pasó a ser una Colegiata, regida por el arcediano de Álava, hasta 1498, en que los canónigos de la Colegiata se trasladaron a Santa María de Vitoria, y Armentia quedó como simple parroquia.

Un obispo de La Habana, Juan José Díaz de Espada, envió dinero para que el arquitecto Olaguibel construyera en Armentia en 1806 una casa donde la tradición decía que 1200 años antes había nacido San Prudencio.
La estructura románica de su iglesia corresponde al siglo XII, impulsada por el obispo Don Rodrigo de Cascante (1146-1190), nombrado como autor de ella en el tímpano del Cordero, y también firmante, como Episcopus Armentiensis, del fuero de Vitoria en 1181.

La basílica estaba originalmente dedicada a San Andrés Apóstol, cuya advocación se cambió por la de San Prudencio en 1970.
Reformas del siglo XVIII. Valor artístico
Gran parte del aspecto exterior e interior del edificio fue transformado en las obras de rehabilitación iniciadas en 1776. Perseguían el diseño compacto de un bloque cúbico, salvo ábside y torres, velando por su consolidación y fácil mantenimiento.
Eliminaron el claustro y buena parte de las dependencias anexas en los costados norte y oeste. Flanquearon el ábside con dos recintos destinados a sacristía. Reconstruyeron los tres tramos de la nave principal, con cubiertas de aristas, y desmocharon la parte alta del cimborrio, donde aún, sobre la cubierta, se aprecian los arranques de cuatro torrecillas cilíndricas, similares al diseño de los cimborrios de Iratxe, en Navarra y del Duero: Zamora, Salamanca y Toro.

En especial desmontaron el gran frontispicio esculpido con excelentes relieves de exaltación cristológica, para ubicarlos dentro de un pórtico habilitado al efecto, iluminado por cinco arcos abiertos. Allí se dispuso la entrada principal, y sobre el pórtico se habilitó una sala conectada con la casa cural, anexa por el oeste. El campanario, ya reformado en el siglo XVI, se reconstruyó, y se trasladaron al frente meridional, bajo la cornisa, los canecillos recuperados.
En conclusión, de la fase románica original se conserva el ábside y el crucero con sus brazos, dotados de los relieves esculpidos en capiteles y del Tetramorfos. En el pórtico, aunque desplazados del frontis original, destacan dos tímpanos, los relieves intestados en el muro sur y al fondo del pórtico. Sobre él, una hilera de excelentes canecillos completa el rico repertorio de escultura románica de Armentia.
Visita de la Basílica de Arementia. Arte Románico.
Exterior:
❶ Fachada Sur: Bajo la cornisa, una espléndida hilera de canecillos.
Son figurativos 33: 10 monstruosos como los leones devoradores, una sirena y un grylle encapuchado; 6 aves; 8 cuadrúpedos: uno de ellos un macho cabrío tocando el arpa. De los humanos destacan: cabeza de Pan o Fauno, cabeza étnica africana, un lector un acróbata, el famosos Espinario y una bella dama sobre las almenas de un castillo.
❷ Ábside

Es el elemento más antiguo de la basílica. Típica configuración semicircular, en parte embebida por dos anexos laterales tardíos. Una imposta de ajedrezado separa dos niveles, y medias columnas reparten el semicírculo en tres sectores. Los tres estrechos ventanales van enmarcados por arquivoltas y columnas con con capiteles de enigmáticas figuraciones.
Interior
La planta es de cruz latina con gran desarrollo del crucero y ábside semicircular. La nave fue muy alterada en las reformas del siglo XVIII. Las numeraciones del plano nos guían hacia los textos correspondientes.

❸ La cara interior del ábside, cubierto por bóveda de horno, muestra el abocinamiento de los tres ventanales, cuyos capiteles sorprenden por su ingenuidad. A destacar el ventanal de la derecha, el capitel izquierdo: un respetable varón se yergue rodeado por seis cuadrúpedos.

❹ La planta de cruz latina conserva el crucero original y sus brazos laterales, cubiertos de bóvedas de cañón apuntado. En el centro confluyen los cuatro arcos torales, apuntados y doblados, que sostienen el cimborrio.

Muy cuidados capiteles coronan sus columnas, ornamentados con finos vegetales, grifos alados, águilas explayadas y caballeros combatiendo contra centauros sagitarios.
❺ Aconsejamos elevar la vista hacia el cimborrio, con bóveda de arcos cruzados en us arranques por espléndidas figuraciones del Tetramorfos. Cuatro grandes estatuas angélicas, con sus libros o rótulos, se identifican gracias a las cabezas de los símbolos de los Evangelistas: el León de San Marcos, el Toro de San Lucas, el Águila de San Juan, el Ángel de San Mateo. Sobre ellos unos ángeles trompeteros de carácter apocalíptico y abajo cuatro figuras con posturas contrapuestas.
❻ La pila bautismal, ubicada en el brazo meridional del crucero, es de las más antiguas de Álava. Sencilla pero elegante.

Sobre un pie cilíndrico muy robusto surge la copa con perfil semiesférico, pero culmina en boca cuadrangular. Imita herrajes en los esquinales y se adorna con hileras de finos arquillos rehundidos. Tiene adosado como basa un cimacio invertido, reutilizado de la obra románica.
❼ La nave del brazo mayor es fruto de la rehabilitación del siglo XVIII cuando se demolieron el antiguo claustro y otras dependencias. Colocaron cubiertas de arista sobre los tres tramos de manpostería. Pueden verse junto a la entrada dos robustos soportes románicos, conformados por dobles columnas. Los capiteles del norte exponen la fiereza de unos felinos, lobos o hienas, capaces de devorar cachorros de asno. En el centro una cabeza diabólica engulle una víctima humana.

Relieves del pórtico, reubicados hacia 1776
❽ Anunciación del arcángel Gabriel a María. sin cabeza y sorprendida por el anuncio. Plegados finos en las vestimentas que en la orla inferior se arquean como tubos de órgano.

❾ Gran tímpano de la Ascensión de Cristo a los cielos. Su jerarquía se exprea en su mayor tamaño y en la centralidad entre los Apóstoles, con simetría lateral. Sobre la cabeza de los Once se simboliza la Jerusalén Celestial, y sobre ella se elevan dos ángeles acompañando a Cristo, al que una tropelía privó de cabeza. En lo alto, un patriarca: Henoc, y un profeta: Elías, acogen a Jesús en su exaltación.

❿ Caballero victorioso, hollando al vencido acuclillado bajo la pata del caballo. Túnica, sobreveste, manto y espuelas ennoblecen la arrogante figura del caballero, a quien se ha identificado como Constantino, o como Santiago, dada la frecuencia del mismo caballero en el Camino Jacobeo.

❶❶Tímpano del Cordero Místico. Colocado sobre el sepulcro de un clérigo medieval. En el nivel superior las figuras proféticas de Juan Bautista e Isaías flanquean el clípeo que incluye el Cordero portador de la cruz. Las inscripciones recalacan su carácter sacrificial, citando «Puerta del Cielo». El dintel exalta el Crismón, que reúne la cruz y la inicial griega de Xristos elevado por dos ángeles. La franja inferior alude al Obispo Rodrigo de Cascante (1146-1190), dato esencial para fechar la obra de Armentia.


❶❷ Dos arcos apuntados apoyan sobre soportes ocasionales, improvisados en la restauración del siglo XVIII: un pilar donde se identifica el sacrificio de Isaac por su padre Abraham, y dos estatuas-columna descabezadas, con vestimentas de tradición grecorromana. Todas ellas como los relieves de fondo se integraban en una gran portada dedicada al Ciclo Pascual.

❶❸ Bajo el arco izquierdo pululan horribles figuras infernales, destacando una terrible medusa de ojos vacíos, grandes orejas y cuernos, devorando a un condenado y el pie de otro que trata de huir. Una mujer escapa, arrimada a un hombre salvado in extremis.

El salvador es Jesús y la escena es el Descensus as Inferos o Anástasis: la Bajada de Cristo al Limbo para librar a Adán, Eva y demás justos del Antiguo Testamento. Debajo, unas borrosas figuras narran dos Apariciones de Jesús Resucitado.
❶❹ Dos escenas confluyen gracias al eje horizontal del cuerpo yacente de Cristo en su sepulcro.
En la cabecera el Santo Entierro con las figuras de Nicodemo y José de Arimatea que lo embalsaman, y dos ángeles con paños que evocan su Resurrección. Hacia los pies acuden las Tres Marías con el pomo de perfumes, pero el ángel sentado, radiante, les anuncia que ha resucitado. Debajo, las figuras apelotonadas de los guardianes del sepulcro, durmientes pero testigos involuntarios de la Resurrección.

Elementos de culto, posteriores al Románico
I Imágen de San Prudencio, patrono de Álava. Bendice y muestra un rostro realista y expresivo, revestido de pontifical, con capa pluvial, mitra y báculo.
II Retablo barroco del siglo XVII, presidido por San Andrés. En los laterales se superponen piunturas de Santa Catalina y San Roque a la izquierda, de Santa Águeda y San Isidro a la derecha.
III Imagen de Nuestra Señora de Estibaliz, Copatrona de Álava con San Prudencio.
IV Sagrario o ciborio pétreo, dorado y policromado. La hornacina se cubre con arco conopial y se enmarca en pináculos góticos. Corona el conjunto una elegante y expresiva Piedad de clara progenie hispano-flamenca, datable hacia 1500.
V Retablo de la Virgen del Rosario del siglo XVII, dorado, con banco y dos cuerpos, sobre fustes serpenteantes. Preside la imagen manierista de la Virgen con el Niño, y San Miguel victorioso sobre el dragón en el ático.
VI Conjunto representativo de Pentecostés: la Venida del Espiritu Santo sobre María y los apóstoles, que expresan con viva gestualidad la emoción del prodigio. Desgajado del original retablo, es seguidor del estilo de Alonso Berruguete, en el culmen del expresivismo de hacia 1550.

José Javier López de Ocáriz Alzola, texto
Ramón Ugarte Libano, fotografías
Guillermo Aguirre Lejarzegui, fotografía de portada




















