Iglesia de Duratón
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Disfrutando del románico segoviano

21 de abril

Conforme a lo programado por nuestra asociación, Amigos del Románico de Álava para los días 21, 22 y 23 de abril, a primera hora de la mañana del martes día 21, madrugamos, y con nuestro amable chófer, nos pusimos en camino hacia tierras segovianas, bueno, hubo quien se quedó reposando muy a gustito un poco más de la cuenta en los brazos de Morfeo, y en Miranda recogimos a los tres últimos compañeros de viaje.
Tras una breve parada para contactar con la guía que nos acompañó todo el viaje, nos dirigimos a FUENTIDUEÑA. A nuestra llegada y tras bajar del autobús, por un cuidado puente prerromano sobre el rio Duratón nos adentramos en el pueblo por la Puerta de la Calzada hicimos para hacer la primera parada en la sencilla iglesia de Santa María del Arrabal que
sigue conservando restos románicos.

Santa María del Arrabal. Fuentidueña.

A continuación, y por una empinada cuesta y escalera, cruzando soportales, por típicas calles castellanas accedimos a la Iglesia de San Miguel que se mostraba hermosa con su galería porticada en la cima del cerro que domina el pueblo, joya románica del siglo XII con ábside bien labrado y galería porticada con obra escultórica de gran mérito. Está considerada como uno de los ejemplos del románico segoviano.

San Miguel. Fuentidueña.

Una de las curiosidades de esta iglesia, es la presencia de juegos, como “los tres en raya” grabados en la piedra del muro donde se asientas las columnas del pórtico.


Seguimos subiendo para visitar la necrópolis y restos de la iglesia de San Martín junto el castillo medieval, un conjunto disperso de restos de edificaciones en un amplio recinto que conserva parte de sus murallas.

En la bajada al pueblo bordeamos las bodegas, en su mayoría del siglo XIX, que, a pesar de no estar en uso, conservan parte de la historia en una tierra rica en caldos.

Volvimos a nuestro autobús, para desplazarnos a SACRAMENIA y comer en el
restaurante Maribel, donde degustamos, entre otras viandas, un rico lechazo.

Finalizada la comida y algunas compras “necesarias”, nos pusimos de camino a
SEPÚLVEDA. El encanto de estos pueblos castellanos, donde las calles se “planificaron” hace siglos para dar servicio a las necesidades de aquellas yuntas y carros, hoy, acertadamente, no permiten el acceso de autobuses y debemos quedarnos en el exterior en zonas habilitadas al efecto.
Nada más bajar del autobús observamos que el cielo nos amenazaba con descargar lluvia, pero como intrépidos romanistas que somos, tras admirar la belleza de la naturaleza que nos rodeaba, paisaje de las Hoces de Duratón, y panorámica del pueblo, nos pusimos camino de la iglesia Virgen de la Peña románica del siglo XII.

Virgen de La Peña. Sepúlveda.

Cierto que la despoblación está haciendo estragos, y podemos comprobarlo en esas casas y palacios silenciosos de puertas cerradas y ventanas antes llenas de vida donde ahora crecen sencillas flores y hierbas las significativas y decoradas aldabas ya no golpean las puertas con llamadas de amigos y vecinos.

Siempre queda el gato curioso que nos mira con interés, pero un tanto esquivo y en alerta.

Estábamos en las inmediaciones de la iglesia cuando la amenaza de lluvia se convirtió en gotas de agua con descarga de truenos y relámpagos obligándonos, a paso acelerado cobijarnos en la iglesia, donde se conserva la imagen de la Virgen de la Peña, patrona de Sepúlveda.
La citada iglesia se caracteriza por diferentes artes distribuidas por las distintas partes del templo. Destacar el tímpano por su temática y estilo: En el centro del círculo, Cristo Juez apocalíptico rodeado por una mandorla angular flanqueado por el tetramorfos y seis ángeles adoradores.

Tímpano de la iglesia de la Virgen de la Peña. Sepúlveda.

Al tener este templo la singularidad de estar situado sobre una de las Hoces del Rio Duratón, una vez finalizada la visita interior, y como el cese de la lluvia lo permitía, nos acercamos al mirador que lleva el mismo nombre y que está a la trasera de la iglesia donde pudimos disfrutar de las vistas que nos ofrecía la generosa naturaleza y los cortes de las primeras Hoces.

Seguimos admirando la torre y el ábside del templo visitado e iniciamos el camino hacia la iglesia de El Salvador por esas calles empedradas que nos evocan tiempos pasados donde la vida inundaba esas casas sencillas y nobles, destacando entre otras, la casa de los Proaño o del Moro con su portada plateresca cuyo frontón está presidido por la cabeza del alcaide musulmán Abubad, aludiendo a la toma de la legendaria Sepulveda por el Conde Fernán González.


La románica iglesia de El Salvador se erige en lo alto de la villa con importantes vistas del pueblo, es un importante y magnifico edificio de perfecta fabrica construida con dorada piedra de sillería. Su galería porticada tiene ocho arcos que gravitan sobre columnas donde la iconografía de los capiteles tiene una difícil interpretación.

Iglesia de El Salvador. Sepúlveda.

Por causas ajenas no pudimos visitar el interior de la iglesia e iniciamos la bajada hacia el lugar donde teníamos nuestro autobús por esas intrincadas calles donde nos encontramos con letreros de aquellas “necesarias prohibiciones” de antaño en el dintel de un pasadizo que, desde la Plaza Mayor, comunica con otras callejas.
Dejamos el castillo de Fernán González, las murallas de la Villa, los soportales
castellanos, en definitiva, el centro, el día, no había finalizado quedaba una grata sorpresa como colofón de un magnífico día y llegamos a la iglesia de la Asunción.
La iglesia está levantada sobre una necrópolis visigoda en la mitad del campo en DURATÓN. De planta y estructura habitual no es de grandes dimensiones, pero sí de gran belleza y encanto.

Iglesia de la Asunción. Duratón.

Su galería porticada tiene dos tramos y las columnas que soportan los arcos presentan una serie de capiteles de magnifica factura. El conjunto iconográfico representa machos cabríos, maléficas arpías, el canto de la esperanza, etc., talladas en la magnífica piedra rosada de Duratón.

Nadie nos queríamos alejar de tan mágico lugar, pero… la realidad se impone.

Debíamos llegar a SEGOVIA.
Llegamos al hotel San Antonio el Real donde nuestros huesos encontraron alivio, y tras una rica cena en un entorno arquitectónico especial, el claustro para unos y el descanso para otros nos llevaron a la reposición de fuerzas. El día siguiente nos esperaban nuevas aventuras.

Miércoles 22 de abril

El miércoles día 22 amaneció con sol y eso marca una diferencia, ayuda en la alegría del “caminante amante del románico”.

Empezamos visitando la iglesia de los Santos Justo y Pastor. Iglesia románica del siglo XII y finales del XVI, con una torre de tres cuerpos y donde, en la década de los 60 se descubrieron pinturas murales tardorrománicas que representan la evolución del tiempo, desde el Génesis hasta la venida apocalíptica de Cristo triunfante.

Iglesia de los Santos Justo y Pastor. Pinturas tardorrománicas.

Finalizamos la visita y bajamos por el lateral del majestuoso acueducto romano, también señalado por las placas que en el pavimento nos indican su soterramiento.

En la muralla, descansa cómodamente un “diablillo” haciéndose un selfi con el acueducto al fondo, no sin antes hacer una parada ante “La Loba Capitolina”, para llegar a la iglesia de San Juan de los Caballeros.


La iglesia, inicia su construcción en el siglo XI, románica de plata basilical con tres naves separadas. Su torre sobre uno de los brazos, atrio en el costado meridional donde remata con el pórtico ojival de los pies y tres ábsides.
Abandonada tras la desamortización, fue comprada por Daniel Zuloaga Boneta en 1905 para instalar en su interior su vivienda y taller de cerámica. Posteriormente fue adquirida por el Estado y se ha convertido en Museo Zuloaga pudiendo admirar simultáneamente la belleza de elementos románicos.

San Juan de los Caballeros. Segovia.

Nuestros pasos se dirigieron a la iglesia de San Sebastián, románico bizantino y sigue contando con ábsides, portada y ventanas del siglo XVIII.
Nuevamente nos encontramos con la figura del acueducto y las casas de fachadas esgrafiadas (decoración que usaban los romanos) pasando por delante del museo para visitar la iglesia de San Martín.

Iglesia de San Martín. Segovia.

Esta iglesia está situada en el corazón comercial de la ciudad intramuros, en la calle Real, paseo que comunica algunos de los monumentos más visitados de la ciudad, la catedral y el acueducto. El barrio de San Martín fue unos de los más importantes en la Segovia medieval y la iglesia es uno de sus templos más emblemáticos. Es un edificio de tres naves, cimborrio sobre el crucero y una cabecera tripartita de ábsides semicirculares escalonado. Una enorme torre campanario y una galería porticada rodea la iglesia salvo por su cabecera. En su conjunto está muy restaurado, y en el interior el juego de volúmenes que forma la compleja estructura no resta armonía al templo románico.
Las puertas románicas permiten el acceso al templo, la que se abre as los pies es un portento de monumentalidad y belleza y se considera una de las portadas más grandes del románico castellano. Tiene seis arquivoltas, siendo notable la profusión floral de algunas.

Puerta de la iglesia de San Martín. Segovia.

A corta distancia, dejamos la calle principal para adentrarnos en un lateral de la Plaza Mayor para visitar la real iglesia de San Miguel que fue escenario de importantes acontecimientos y actividades públicas. Allí tuvo lugar la coronación de la Reina Isabel la Católica. La primitiva iglesia se hundió en 1532 y en su lugar se construyó la actual iglesia que corresponde a la época gótica. Las esculturas románicas originales están protegidas en una dependencia a la que se accede por la iglesia.
Atravesamos la plaza mayor y tras admirar, una vez más, la espléndida catedral, nos dirigimos por la Travesía de los Escuderos a la elegante iglesia de San Esteban.

Iglesia de San Esteban. Segovia.

Su construcción se sitúa a finales del siglo XII. La llamada “reina de las torres
bizantinas” está dividida en seis cuerpos. El primero, completamente liso. Los dos siguientes presentan doble arco ciego sobre columnas. En los tres cuerpos superiores se abren los huecos de las campanas con arquivoltas y chambranas sobre juegos de columnas. La galería porticada está muy deteriorada por las inclemencias del tiempo y sucesivas obras a través de los siglos.
El tiempo vuela, y tras la contemplación de la torre, reanudamos nuestro itinerario hacia el Barrio de las Canonjías, uno de los más peculiares de Segovia, de los mas antiguos y mejor conservados en estilo románico civil a nivel europeo donde vivían los canónigos que formaban parte del obispado y que estaba protegida por tres puertas que se cerraban a la noche y de las que únicamente se conserva una, llamada la Puerta de la Claustra.

Barrio de las Canonjías. Segovia.

Importante destacar que en una de sus casas se llevó a cabo el primer libro impreso en España, “el Sinodal de Aguilafuente” del que se conserva un único ejemplar guardado en la Catedral.

Terminamos el paseo matutino en la explanada del Real Alcázar y desde su mirador, pudimos contemplar la ermita de la Veracruz, el Monasterio de Santa María del Parral, el Valle del Eresma, la Sierra de Guadarrama, entre otros lugares.

Ermita de la Veracruz

La hora de la comida apremiaba y debíamos regresar al hotel haciéndolo a pie de la muralla por la “Senda de los Suspiros” y el camino por donde Antonio Machado se inspiraba para escribir sus cartas a Guiomar. En una de esas cartas la escribe…

“Hoy he podido pasear por los alrededores de Segovia, la alameda del Eresma, San Marcos, La Fuencisla, el camino nuevo…”,

y tras atravesar la Plazuela del Socorro, y pasando por la Puerta de San Andrés nos subimos al autobús camino del hotel.
Tras la comida y un breve descanso, seguimos el programa previsto con algunas modificaciones.
Empezamos con una “sesión fotográfica” bajo la “protección del Alcazar”, lugar de escenas cinematográficas, para a continuación subir a la iglesia de la Veracruz, construida al otro lado del Eresma en el arrabal de San Marcos. De reducidas dimensiones, posee planta dodecagonal cuenta con un interior sobrio fundada por los Caballeros de la Orden del Santo Sepulcro en 1208. Tras una espera considerable, se decidió seguir por otras vías sin poder ver
el interior.

Iglesia de la Veracruz

Paseo hasta el santuario de la Virgen de la Fuencisla, patrona de la ciudad y provincia de Segovia, para a continuación, visitar la iglesia de San Millan.
Desde la plaza del Azoguejo encontramos el magnífico templo, de gran
monumentalidad con galería porticada. La planta interior posee tres naves y el crucero se resalta en altura. La cabecera es triabsidal siendo más alto el central, ancho y profundo y sin lugar a duda el más bello. Sobresale por su arquería ciega de seis arcos con capiteles de columnas exentas y entregas de algunos pilares que tienen un rico repertorio escultórico.

Iglesia de San Millán. Segovia.

Una historia pendiente: “La abducción del grupo”. Sucedió que Cristina tuvo que salir de la iglesia, pero cuando volvió a entrar no encontró a nadie. Un grupo de 40 personas habían desaparecidas, miró incluso detrás de las columnas, pero ni rastro. Se preguntaba: Cuando salí a la galería, había 40 personas dentro de la iglesia, estuve sentada al lado de la puerta y no salió nadie…, ¿Dónde están? y llamo por teléfono a su hija para contarla lo sucedido. Llegaron a la conclusión que una “onda de temporo-espacial era la responsable”. Y se marchó al encuentro del autobús. Al rato, recibió la sorpresa.

El grupo seguía a lo suyo. Bajó el suelo de la iglesia y en una cripta, nos esperaba otra interesante sorpresa, Conocer parte del alfarje mudéjar de la iglesia; armaduras de madera, talladas y pintadas que se hallaban profusamente decoradas con motivos vegetales y geométricos principalmente.

El grupo seguía a lo suyo. Bajó el suelo de la iglesia y en una cripta, nos esperaba otra interesante sorpresa, Conocer parte del alfarje mudéjar de la iglesia; armaduras de madera, talladas y pintadas que se hallaban profusamente decoradas con motivos vegetales y geométricos principalmente.


Finalizada la visita, “volvimos al autobús, para alivio de Cristina”, se tomaron distintas decisiones, y unos se quedaron “tardeando” por las terrazas de la capital y otros decidieron visitar el Monasterio de San Antonio el Real.
Dicho monasterio es uno de los conjuntos monásticos más bellos y singulares del patrimonio segoviano. Fundado el siglo XV como convento franciscano y habitado durante siglos por la comunidad de clarisas, conserva una arquitectura única y una riqueza artística excepcional: artesonados, blasones, retablos, estancias reales, y piezas litúrgicas han vencido al tiempo gracias a la custodia de la comunidad religiosa que lo habitó en silencio. Hoy, han abierto de nuevo sus puertas para compartir ese legado.

Monasterio de San Antonio el Real. Segovia.

Finalizada la visita y siempre al límite, nos dirigimos al hotel para reponer fuerzas y el merecido descanso. Tras la cena, por aquello de que en la “variedad está el gusto”, unos se fueron al centro para disfrutar la noche segoviana, otros al claustro del hotel, algunos repartidos por los salones bien acomodados en sus sofás y suma y sigue.

Jueves 23

Jueves días 23, desayuno, maletas al bus, y vuelta a casa, no sin antes terminar con el programa previsto empezando por SOTOSALBOS, donde nos atendió el párroco.
En este pequeño pueblo, visitamos la iglesia de San Miguel Arcángel construida en dos fases, la primera fase se inició en el siglo XI.

Iglesia de San Miguel Arcángel. Sotosalbos.

Dispone de una nave única y la galería porticada. Elemento destacado es la cornisa de la galería cuya estructura permite una magnifica proliferación escultórica, sus arcos envuelven una colección de bustos con personajes de la época y entre los canecillos una variada colección de metopas completa el repertorio. La puerta tiene tres arquivoltas y la torre campanario tres cuerpos, donde anidan algunas cigüeñas que se dejaron fotografiar.

En el interior, quedan restos de pintura románica, pero de todo el conjunto el mejor preservado es el toro alado correspondiente al evangelista San Lucas.

Pinturas románicas. Iglesia de San Miguel Arcángel. Sotosalbos.

En cuanto a obras de arte mueble varias tallas de época bajomedieval y una pila bautismal cuya copa esta adornada con gallones.

La mañana apremiaba y nos pusimos camino de SANTIUSTE DE PEDRAZA para visitar la ermita de Nuestra Señora de Las Vegas.
La ermita del siglo XI está ubicada en el barrio de REQUIJADA al pie de la carretera, hace años fue restaurada eliminando los muros que cegaban su galería porticada. Tiene tres naves cubiertas de madera con cabecera triabsidal de tambor en el interior. La torre no es la original.

Nuestra Señora de Las Vegas. Requijada.

La galería porticada tiene la más pura distribución románica de siete arcos apoyados sobre columnas geminadas cuyos capiteles, a pesar de estar deteriorados, aun se puede interpretar la iconografía.
La notable puerta de ingreso al templo tiene cuatro arquivoltas más chambrana ajedrezada. La decoración vegetal de sus arquivoltas acentúa la belleza del conjunto y las enjutas de la puerta tiene sendas figuras que representan a la Virgen y el Arcángel San Gabriel en la escena de la Anunciación.
El interior tiene tres naves de dos tramos separados por los habituales arcos y los capiteles son, en su mayoría lisos.

Portada de Nuestra Señora de las Eras. Requijada.
Nave central de Nuestra Señora de las Eras. Requijada.

Esta ermita tiene mucho encanto y está ubicada en un idílico paraje, pero como siempre, tras la consabida explicación de la guía y toma de fotos, nos pusimos camino de GAILLOS.
La Iglesia de San Pedro, siglo XIII, está situada en el corazón del pueblo, y tras diversas reformas, conserva el aspecto externo como templo románico. Al estar cerrada, únicamente pudimos ver algunos “detalles” del exterior.

Iglesia de San Pedro. Gaillos.


Mencionar la galería porticada, muy interesante, pero… al tener colocada por el interior de la citada galería una reja de considerable altura, más una tela metálica, no pudimos disfrutar como nos hubiera gustado con la esbeltez de sus arcos, capiteles y el juego de luces.
Como final del viaje, nos dirigimos a la VILLA DE RIAZA y como siempre, nos aplicamos lo de… caminante no hay camino… nos recorrimos el pueblo hasta llegar a la plaza, hicimos una breve visita a la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Manto para aposentamos en las terrazas de la Plaza Mayor donde confluyen las distintas calles de esa bonita plaza castellana.
Como final de un agradable viaje disfrutando del románico segoviano, nos queda el recuerdo de unos días especiales y el conocimiento de un románico distinto, dejando nuestra llamada con aldaba para el próximo viaje que a buen seguro estará, como siempre, marcado por una magnifica organización.

Carmen Villahizán Martín, texto e imágenes

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